Como sucedió en todo el mundo, la pandemia de COVID-19 tuvo un profundo impacto en el empleo en América Latina. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, en América Latina y el Caribe 23 millones de personas salieron de la fuerza de trabajo.

Las mujeres fueron particularmente afectadas por la pandemia. Según la OIT, 13 millones de ellas se quedaron sin empleo, llevando la tasa de desocupación femenina a niveles similares a hace 15 años. Sumado a esto, las mujeres han tenido más dificultad de regresar al entorno laboral. Por ejemplo, para Ecuador, el Ministro de Trabajo Andrés Isch apuntó que cada siete de cada diez empleos que se generan en la pandemia están dirigidos para los hombres.

Siete de cada diez empleos que se generan en la pandemia están dirigidos para los hombres.

Andrés Isch, Ministro de Trabajo

Por este motivo, diferentes organismos internacionales han llamado a un enfoque de género para plantear estrategias que resuelvan los problemas derivados de la pandemia para las mujeres como la Organización de Estados Ameriancos (OEA) o el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID) a través de su Iniciativa de Conocimiento sobre Género y Diversidad (GDLab).

Para analizar esta situación y compartir estrategias enfocadas a amortiguar el impacto de la pandemia en el empleo de las mujeres, el BID organizó una sesión virtual en el que participaron líderes y jefes de Estado de América Latina.

La sesión se dividió en dos paneles en los que se discutió qué regulaciones de empleo deben adoptar los países, qué deben hacer las empresas para mantener y recuperar el trabajo femenino y cómo desarrollar habilidades para que las mujeres logren su reinserción laboral.

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